La fuerza de ayudar

Graduado de Narconon

Mi adicción comenzó a los 15 años cuando yo cursaba la secundaria. Quería pertenecer al grupo de los más populares y para ser parte de ello era necesario fumar marihuana, aunque en un principio me rehusaba por los valores que en casa me habían inculcado. Finalmente accedí, me gustó y comencé a sentirme muy identificado con mi nuevo grupo de amigos.

Al tiempo consumía marihuana y alcohol y un buen día en que estaba con el bajón de ambas substancias, uno de mis amigos me dio a probar la cocaína para reanimarme. Desafortunadamente me gustó la sensación y ahí fue cuando me enganché con una nueva substancia. Comencé a ser más rebelde en casa y los estudios ya no me importaban tanto, aunque continuaba con ellos en el bachillerato.

Para mi familia, yo era un problema por mi vida desenfrenada y sin control. Después de 8 años de consumir alcohol, marihuana y cocaína, conocí la substancia que en verdad me llevó por una espiral descendente: el cristal.

Con esta substancia sentía un efecto mucho mayor que con la cocaína. El cristal es como el demonio, te atrapa en sus garras y no te deja escapar de ellas. Sólo vivía para consumir esa droga, sin ver el daño que le hacía a mi mente, a mi cuerpo, a mi entorno y a mi familia.

Sin embargo, los últimos 7 años de consumo de cristal marcaron un claro deterioro de mi persona, fue cuando comenzó mi quiebre como hijo, como hermano y como esposo. Mi cabeza estaba tan nublada y embotada de substancias que no me había dado cuenta de que mi integridad estaba ya comprometida y que, por esta razón, sólo obtenía pérdidas en todo lo que emprendía o con quien estaba.

Tuve una pareja maravillosa quien sólo se dedicaba a cuidarme. Sin embargo, la vida al lado de un adicto es una pesadilla. ¿Quién puede vivir en paz al lado de una persona que no vive de manera ética y que constantemente daña y ofende a causa de las drogas? Finalmente aquella mujer decidió emprender su vida sin mí.

Mi familia tampoco sabía cómo manejar la situación y decidieron mandarme a vivir con la familia de mi papá quienes viven en la Frontera Norte del país. Sin embargo, este hecho no me hizo ni reflexionar ni enmendar mi camino, al contrario, fui aún más bajo. Vivía en un grupo de consumidores de drogas y era una especie de manada, andábamos juntos para todos lados, nos protegíamos y delinquíamos para obtener nuestras dosis diarias. Sentía que eso era la felicidad y que no necesitaba más para vivir. Fue entonces cuando probé la piedra y otro tipo de dogas como los psicotrópicos y la heroína en pastillas.

La única droga que no probé fue la heroína inyectada, yo vi como muchos de mis amigos murieron, vi la degradación humana de manera real, vi cómo no les importaba nada con tal de obtenerla, vi como muchos yacieron debajo de los puentes o a la orilla de la carretera.

vi como muchos yacieron debajo de los puentes o a la orilla de la carretera.

Mi familia realmente estaba preocupada por mí, sentía mucha impotencia porque no podía hacer mucho y sólo veían como cada día me hundía más. Mi hermana y su esposo son miembros del personal de Narconon Latinoamérica. Cada vez que nos veíamos me hablaban del Programa y, a pesar de que vi el gran cambio de mi cuñado cuando estuvo en Narconon, siempre rechazaba la ayuda por miedo a vivir libre de substancias.

Así continué dañando, ofendiendo y sin una vida productiva. De vez en vez, llegaba esa pequeña voz en mi cabeza que me indicaba que debía cambiar esa vida porque un día podía terminar en la cárcel, en el hospital o muerto. Sin embargo, me volvía a drogar y apagaba esa luz de esperanza.

Un día llegó mi hermana para compartirme la gran noticia de que estaba embarazada y nuevamente me pidió que tomara una rehabilitación, ella me dijo que era su único hermano y que no le gustaría que su hijo creciera con un mal ejemplo de parte mía. En ese momento algo tocó mi corazón y accedí a intentar una rehabilitación.

Mi mamá me apoyó y me dijo que por lo menos intentara tomar la rehabilitación que me ofrecían en Narconon Navojoa, que ella siempre me iba a querer pero que por lo menos probara lo que se sentía estar libre de drogas, con un pensamiento limpio y auténtico. Una vez había intentado por mis propios medios dejar de consumir, lográndolo sólo 8 días.

En fin, mi mamá preparó mis maletas y al siguiente día llegué a Narconon Navojoa. Estando ahí lo dudé y quería irme. Sin embargo el personal fue tan cálido que accedí a quedarme.

Comencé y muchas veces quise dejarlo. Duré 15 días en la etapa de retirada de drogas y sentí fuerte el síndrome de abstinencia, pero las ayudas y las vitaminas que me dieron en ese tiempo me fortalecieron para poder transitar por ese malestar.

Posteriormente me enfrenté a un nuevo reto en la desintoxicación a base de sauna. Para una persona adicta es mucho más fácil no confrontar que pasar a través. En esta etapa del Programa estuve a punto de desistir. Afortunadamente uno de los miembros del personal me hizo ver el trabajo valioso que estaba haciendo y que con esto podía recuperar mi vida y hacerla prosperar. Eso fue lo que hice, me comprometí al máximo con el Programa, continué y persistí a pesar de todas las adversidades, hasta concluir.

Cuando salí, en seguida busqué trabajo y lo encontré en una embutidora de alimentos. Durante los 6 meses que estuve ahí, fue poner a prueba todas las herramientas que aprendí en Narconon. No fue nada fácil transitar por los puntos de venta y de consumo de drogas a los que regularmente había asistido y seguir de largo. Muchas veces lo dudé, afortunadamente y gracias al apoyo de mi mamá, siempre llegué con mi sueldo íntegro.

En aquel trabajo aprendí muchas cosas y ascendí de puesto rápidamente. Conforme sentía que tenía más responsabilidad, sentía menos ganas de consumir. Un buen día me hablaron de Narconon Navojoa para apoyarlos, hablé con el encargado de mi anterior trabajo, comprendió la situación y decidí ser miembro del personal por un tiempo.

Sentí mucho agrado por lo que hacía, tanto fue así que decidí que este trabajo debía ser permanente y busqué ser miembro del personal en Narconon Latinoamérica. Ahora sí era un verdadero cambio de vida, incluyendo la residencia. Fue comenzar de nuevo decidiendo cada detalle en mi andar.

Hoy soy muy feliz y me fortalezco día a día ayudando a los demás a salir de la adicción de las drogas y el alcohol. Es increíble ver cómo los estudiantes entran al Programa casi sin vida y salen con sus maletas llenas de entusiasmo y alegría para comenzar de nuevo por sus caminos.

Hoy recuperé todo, tengo una hermosa familia al lado de una mujer maravillosa quien también trabaja en Narconon Latinoamérica, tengo un gratificante trabajo y tengo el amor de mi mamá y mi hermana. Hoy mi corazón y agradecimiento están con Narconon.

Franky, Graduado de Narconon Navojoa

AUTOR
PG

Paola Garabito

NARCONON NAVOJOA

EDUCACIÓN Y REHABILITACIÓN DE DROGAS